Por Milagros Ritzer, Socia Gerente – Insignia Desarrollo (Salta)

Hacer un balance del primer semestre en Insignia me deja una certeza: el desarrollo inmobiliario no frena para el que sabe ver el timing correcto.
Cuando arrancamos el año, los desafíos eran claros, pero hoy la realidad es otra. Con el avance de obra de la Torre Central ya pisando el 50%, el proyecto dejó de ser una promesa en los papeles para convertirse en una visión concreta y tangible para el inversor. Esa tangibilidad da una seguridad única.
¿Cómo veo el segundo semestre? Lo veo como el momento exacto de la oportunidad.
Mi consejo para quienes están analizando dar el paso es simple: no esperen, no se estanquen.
¡Si tienen la posibilidad, inviertan ahora!
Tenemos muchísimos factores a favor, y el foco hoy está puesto en las torres de atrás, que se encuentran en pozo, recién en etapa de cimientos.
Entrar en este momento es capturar la verdadera esencia del negocio inmobiliario: entrar cuanto antes para asegurar la mayor plusvalía y rentabilidad a medida que la obra empiece a escalar. Esperar a que todo esté terminado significa perderse el margen de ganancia más jugoso del proceso constructivo.
Como bien lo decía Germán Pacchioni, el próximo gran refugio ya no es el dólar; es el ladrillo. Quedarse sentado sobre los dólares bajo el colchón te resguarda nominalmente de una devaluación, sí, pero tenerlos inactivos es sinónimo de perder plata frente al costo de oportunidad.
Y si hablamos de potenciar esto, Cardine es el claro ejemplo de hacia dónde va el mercado inteligente. Es el momento de poner a trabajar el capital en proyectos sólidos, con respaldo y con una ubicación y visión de futuro inigualables.
El ladrillo sigue siendo el refugio más confiable hoy por hoy, y la ventana de oportunidad para entrar en mejores condiciones es ahora.
Milagros Ritzer